Colección de Cuadernos de Campo y libros editados por El Ojo Crítico.

YA A LA VENTA

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jueves, 20 de febrero de 2020



Muchos siglos antes de que Carlos Castaneda escribiese sobre el arte del acecho y el desatino controlado; los brujos, hechiceros y chamanes de África, Asia o América ya habían descubierto que el engaño, la mentira y el embuste podían convertirse en herramientas de poder "mágico". De hecho la historia del ilusionismo ha crecido a la sombra de la historia de la religión.

El primer documento histórico que detalla un truco de ilusionismo es el Papiro Westcar. En el que se relata el espectáculo que el mago Dedi realiza en la corte del faraón Keops (constructor de la Gran Pirámide de Giza, en la IV Dinastía), recomponiendo "mágicamente" la cabeza amputada a un animal decapitado.

Antes incluso, en torno al 2200 antes de Cristo, alguien grabó en una cámara mortuoria de Beni Hassan, también en Egipto, los jeroglíficos que muestran la primera imagen de un truco de prestidigitación. Dos hombres jugando con unos cuencos en forma de copa, bajo uno de los cuales el "trilero" esconde una bola u objeto esférico que, presumimos, aparecerá mágicamente. Y desde entonces, al menos desde que Dedi llegó a la corte del faraón Keops, brujos, hechiceros y chamanes, han estado siempre muy cerca del poder. Porque el poder ha sabido que las creencias en lo mágico y lo sobrenatural siempre han sido una forma extremadamente eficiente de dominar al pueblo.

Nuestras creencias condicionan nuestro comportamiento. Lo que consideramos lícito o ilícito, moral o inmoral. Y quien controla las creencias de un pueblo, controla sus actos... Es la historia de todas las religiones. Castaneda no es una excepción.

Él y no yo afirma que muchos, sino todos, los prodigios que vio hacer a los brujos, eran trucos de ilusionismo. Pero hay que hacer una lectura crítica de sus libros o no lo verás. Por ejemplo, y además de los casos que ya he expuesto en el Capítulo I, en "El segundo anillo de poder" describe la increíble levitación de Lidia (a la que define, por cierto, como la única aprendiz de don Juan junto a él. Afirma que la vio "transitar silenciosamente por la habitación a un 1,5 m. del suelo".

Pero en la página 267 explica que Lidia usaba unos arneses de sujeción, como la mayoría de los magos de Las Vegas... He escogido mi anécdota con los diableros de Haití porque ese país es un ejemplo excepcional de cómo la brujería y el poder han podido obtener un control sobre los ciudadanos, inimaginable de ninguna otra manera. No importa que esos brujos, hechiceros o chamanes carezcan de toda capacidad sobrenatural, y simplemente sean maestros del "arte del acecho", simulando dichos poderes con elaborados trucos de magia... lo importante es que el ciudadano crea en ellos.

Desde el héroe local Macandal, pionero en la revolución haitiana contra los franceses (en el siglo XVIII), hasta el General Raoul Cedrás (ya en el siglo XX), ningún dirigente Haitiano se ha atrevido a descuidar la todopoderosa influencia de la magia y religión vudú en Haití. Tanto es así que incluso el presidente Jean-Bertrand Aristide, que lideró el gobierno haitiano en tres ocasiones, y que antes de político fue sacerdote católico -casualmente en la orden fundada por el mago San Juan Bosco: los salesianos-, utilizó ese poder. Quizás porque, como sacerdote, conocía mejor que nadie la fuerza social de las creencias.

En julio de 1995 se entrevistó con varios hounganes (sacerdotes) y mambos (sacerdotisas), y seguidamente anunció oficialmente la construcción de un gran templo vudú en la capital. De esta forma Aristide igualaba la religión vudú a otras religiones, al otorgar a los voduístas una "catedral" equiparable a las iglesias bautistas, los templos masones, o las parroquias católicas que abundan en Haití.

Pero si ha existido un mandatario haitiano que ha sabido hacer uso del poder del vudú como herramienta política, ese fue el mítico y tenebroso "Papa Doc", el Dr. Frangois Duvalier. Su guardia personal, una especie de "policía esotérica", eran los Voluntarios de la Seguridad Nacional (VSN), los temidos Tontons Macoutes, que se ocuparon de sembrar el terror en Haití. El nombre Tontons Macuoutes (los "hombres del saco"), proviene de un viejo cuento popular Haitiano que amenaza a los niños traviesos con que su ron ton (tío) se los llevará en su macoute (saco).

Todos los hounfor que se manifestaban contrarios al régimen de Duvalier fueron cerrados, y los rebeldes perseguidos. Según sus biógrafos, en 1963 Papa Doc ordenó fletar un avión especialmente para que le trajesen la cabeza del ex-capitán rebelde Blucher Fhilgénes. Lo decapitaron y le llevaron la cabeza en un cubo de hielo. Y según los rumores que llegaban del Palacio presidencial en Puerto Príncipe, Duvalier se pasaba horas contemplándola y consultando su espíritu en rituales secretos. Una imagen que podría recordarnos a otros grandes tiranos, como el mismo Hitler, obsesionados por sus creencias ocultistas.

Muchos campesinos creían que Papa Doc era una encarnación del temible Barón Samedí, señor de los cementerios, con quien he vivido situaciones soprendentes. "No pueden tenerme, soy un ser inmaterial" dijo Duvalier durante uno de sus discursos en 1963. Y lo cierto es que su leyenda perdura, y algunos piensan que Duvalier es un loa, un espíritu de la familia Guede, un ser inmaterial que todavía puede manifestarse en algunos rituales de vudú haitiano. Los servicios de información y policiales de Duvalier supieron rentabilizar como nadie el poder de las supersticiones. Inspirando a los servicios de inteligencia e información de otros países.

Hoy tenemos pruebas irrefutables de que servicios de inteligencia, como la CIA norteamericana exploraron el mundo del vudú, el chamanismo y la brujería en busca de instrumentos útiles para el espionaje. No importa que fuesen realmente sobrenaturales o no, lo importante es que el objetivo lo creyese...

A finales de los años 60, la Universidad de California en Los Ángeles, UCLA, fue uno de los cotos de captación de la CIA en busca de antropólogos que pudiesen colaborar con sus programas de Operaciones Psicológicas. Por eso no es extraño que muchos autores hayan conjeturado sobre la posibilidad de que Castaneda fuese uno de esos agentes reclutados por la CIA. De hecho el mismo lo afirmó ante varios testigos independientes.

Fragmento del libro 
La Vida Secreta de Carlos Castaneda.

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febrero 20, 2020   Posted by Manuel Carballal in , with No comments

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