Colección de Cuadernos de Campo y libros editados por El Ojo Crítico.
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sábado, 25 de abril de 2020



El asesinato como prueba de fe, práctica ceremonial u ofrenda humana no es la única forma de criminalidad religiosa. Existen otras. Pero uno de los homicidios religiosos más absurdo, intolerable y a la vez antiguo, es el llamado crimen de honor o vergüenza.

Se denomina crimen de honor o vergüenza el homicidio cometido por miembros de una familia contra uno (generalmente una) de sus integrantes, por un móvil asociado a sus creencias religiosas o tradición cultural.

En pleno siglo XXI, y en diferentes grupos étnicos y religiosos, la negativa a un matrimonio concertado por los padres, o el divorcio o la separación de su cónyuge una vez consumado este, puede ser causa de muerte. También la homosexualidad, las relaciones y/o amistad con otro grupo social diferente, las relaciones pre y extramatrimoniales, el haber sido objeto de una violación o agresión sexual, el haber renegado de la religión de la familia o el simple hecho de vestir o adornarse con elementos considerados inapropiados por el núcleo familiar, pueden desencadenar un crimen de honor.

Este tipo de feminicidio, presente en Europa y España por los flujos de inmigración que se incrementaron durante el siglo XX y XXI, está tipificada como violencia doméstica, aunque no se circunscribe a la violencia de pareja. Y ante la creciente casuística que se está produciendo en Occidente, los legisladores están obligados a revisar las leyes para enfrentarse a esta nueva –aunque antigua- forma de criminalidad.

Un tipo de criminalidad que en algunos países de Asia o África contempla la atenuante del “crimen de honor”, en casos de homicidio en el seno familiar, al considerar que el homicida ha actuado influido por una tradición ancestral muy implantada en su grupo social. Afortunadamente en Europa eso no ocurre… casi nunca. Sin embargo en algunos casos, la defensa ha conseguido que los cargos se redujesen al tratamiento de “homicidio involuntario” u “homicidio pasional”, con la consiguiente reducción de pena para el culpable. Es lo que se denomina “defensa de honor”.

En muchos casos la familia obliga a miembros menores a ejecutar el homicidio, como en “Los sin nombre”, sabedores de que con ello pueden beneficiarse aún más de los códigos penales de cada país.

Hoy son principalmente las asociaciones feministas y LGTB quienes encabezan la lucha contra los crímenes de honor que se producen en el seno de familias migrantes en Occidente. Y no es por casualidad. En la inmensa mayoría de los casos la víctima es una mujer (o un varón homosexual) y los agresores miembros varones de su familia. Principalmente padres y hermanos.

Una de las características de los crímenes de honor es que frecuentemente hay múltiples agresores contra una sola víctima. La reputación o el buen nombre de la familia se antepone a los lazos de sangre, y por tanto varios miembros del núcleo familiar participan en el homicidio para limpiar así el estigma social que supone el “comportamiento intolerable” de la víctima. En muchas sociedades tradicionales esa actuación no tiene ningún castigo, y por el contrario se supone digna de aplauso, restituyendo el prestigio a la familia.

Según los estudios victimológicos sobre los crímenes de honor de mujeres jóvenes, en un 81% el crimen fue cometido por familiares directos. Y en el 53% las jóvenes fueron torturadas antes de morir.

En el caso de víctimas adultas, además del esposo, en un 44% participan en el homicidio familiares del esposo o de la víctima. Horrible.

En el año 2000 las Naciones Unidas estimaron que cada año se producen unos 5000 homicidios de mujeres en el mundo por crímenes de honor. Sin embargo las asociaciones feministas y LGTB suben esa cifra hasta los 20.000 casos anuales en sus estimaciones.

En cuando a las formas de ejecutar el homicidio, todavía en el siglo XXI se practican sistemas tradicionales, como la lapidación, decapitaciones, ahorcamientos y apuñalamientos. Así como técnicas más modernas como los ataques con ácido, las armas de fuego, etc. Y en algunos casos la ejecución se realiza en público, como advertencia a toda la comunidad de la pena que implica un comportamiento inapropiado para con su sistema de creencias.

En 2013, y tras una polémica que duro 21 días, Facebook se vio obligado a retirar unas originalmente en un grupo abierto denominado “No al gobierno de laicos y liberales en Egipto”, bajo el título –en árabe- “Pasos para ejecutar la ley de Dios y lapidar al adúltero o adúltera para quien sea ignorante y no sepa cómo aplicarlos”.

Es cierto que en el siglo XXI existen crímenes de honor en diferentes contextos religiosos: animistas, sijs, hinduistas, etc. Sin embargo las estadísticas oficiales señalan mayoritariamente al Islam como el contexto con mayor número de casos.

Según un estudio realizado por Phyllis Chesler entre 1989 y 2009, con un universo de estudio de 172 casos en todo el mundo, que involucraban a 230 víctimas, el 91% de los homicidas eran musulmanes. En los casos específicos cometidos en Estados Unidos, el porcentaje de casos producidos en el seno de familias musulmanas descendía hasta el 84%, aunque en los casos europeos subía hasta el 96%.

Pese a ello la Asamblea del Consejo de Europa establece en su resolución 1327, de 2003, que “los crímenes de honor emanan de raíces culturales y no religiosas”, que se perpetran en todo el mundo (principalmente en sociedades o comunidades patriarcales). Y aunque asume que la mayoría de los casos denunciados en Europa se producen en comunidades musulmanas, matiza que el Islam no admite la pena de muerte por una mala conducta relacionada con el honor. De hecho existen muchos estudios teológicos y coránicos realizados por organizaciones islámicas que condenan los crímenes de honor, que pretenden demostrar que este tipo de criminalidad atenta contra el Corán. Argumentando además, y para mí esta es la clave, que mientras este tipo de violencia familiar es habitual en países como Pakistán, y los casos europeos se producen en el seno de comunidades islámicas, en países tradicionalmente musulmanes como Bangladesh, Indonesia o Senegal, no existen los crímenes de honor.

Y digo que para mí esto es clave porque significa que los crímenes de honor que se producen en Occidente, no están condicionados por el contexto social o cultural. Sino por el sistema de creencias y supersticiones que se trajeron consigo los inmigrantes. Como ocurre con las religiones afroamericanas.

Esto no significa que los estudios que pretenden desligar El Corán de los crímenes de honor estén equivocados. En el seno del cristianismo organizaciones como el Ku Klux Klan o el Ejercito de la Liberación del Señor han cometido y comenten asesinatos, violaciones y torturas, justificados mediante la Biblia, que no tienen ningún tipo de justificación en las Sagradas Escrituras.

Este es el Cuaderno de Campo de Manuel Carballal, sobre el aspecto más siniestro, temible e inesperado del mundo de las creencias.

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