Colección de Cuadernos de Campo y libros editados por El Ojo Crítico.

YA A LA VENTA

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jueves, 23 de abril de 2020


Una de los detalles más sintomáticos de la contradictoria e irracional persistencia en no querer ver la realidad, que caracteriza a los seguidores más incondicionales del Nahual, es que reconocen en las fotos de Castaneda niño en Cajamarca (Perú), al Nahual con el que ellos trataron.

Varias de ellas aparecen en el libro de Byron de Ford. Ramón de León incluye también fotos de Taisha, Florinda y Mary Joan Barker en el suyo. Y aún así siguen empecinados en que el Castaneda real no era el niño de Cajamarca, sino brasileño como el afirmaba. Es dogma de fe innegociable. Imposible convencerles de lo contrario. Para ellos, la solución es simple. Existieron dos Castanedas. Un joven nacido en Cajamarca, que quizás emigró a EEUU en los años 50, y el verdadero Castaneda. El antropólogo de UCLA, el autor de los libros sobre don Juan. El que les autografiaba esos mismos libros con su firma y rúbrica durante las presentaciones y las charlas privadas... Es comprensible.

Al Castaneda Nahual le rodea una aureola de misterio y misticismo, como a todos los fundadores de religiones, que debe permanecer impecable. Y descubrir la verdadera historia del Castaneda cajamarquino, le resta mística y misterio al Castaneda profeta. Pero, aunque no hay lugar a la duda, porque hoy conocemos la biografía de Carlos Castaneda año a año, y la evolución de sus fotos es la de un solo individuo y no dos, los defensores más entusiastas del Castaneda del mito, persisten obstinadamente en la teoría de los dos Castanedas. Y ya iniciado el siglo XXI se sacaron de la manga una teoría alternativa: Castaneda tuvo un hermano gemelo...

Independientemente de lo absurdo y gratuito del argumento (no existe nada en la biografía de Castaneda que permita suponer que tuvo un hermano, ni gemelo ni de ningún tipo), decidí buscar una forma de zanjar el ficticio debate. Llegados hasta aquí no me apetecía dejar ningún cabo suelto al que pudiesen asirse quienes intentan mantener el mito. Así que le di muchas vueltas y al final encontré la solución, en el ámbito de mi especialidad: la criminología. Las pericias caligráficas pueden ser determinantes en un veredicto judicial. Pueden marcar la diferencia entre la libertad o un ingreso en prisión en casos de estafa, falsificación, amenazas, etc. Para ello se requiere una muestra indubitada (cuyo origen esté acreditado en el acusado) y la muestra dubitada, que es la que se comparará con el original. Yo utilizaría las cartas (dos de ellas), que Carlos César Salvador Aranha Castañeda, el negro, enviaba a su hermana Lucy y a su padre, entre 1951 y mediados de los años 60, cuando deja de escribir. Arturo Granda reprodujo varias de ellas en sus artículos de "La etiqueta negra" y "El Malpensante".

Y como muestras indubitadas, me pasé meses buscando libros autografiados por el Dr. Carlos Castaneda, el antropólogo de UCLA y Nahual del neo-nahualismo tolteca. Conseguí más de una veintena de muestras. A las que podemos sumar las muestras caligráficas (firmas) de los contratos de fundación de Hermeneutics Unlimited, Laugan Films, etc.; los certificados de matrimonio con Margaret Runyan, Florinda Donner o Carol Tiggs; los documentos oficiales como su solicitud de nacionalización, poderes a Donner y Tiggs, testamento, etc.

Con toda esa documentación acudí a un perito calígrafo judicial de mi confianza, totalmente desvinculado del mundo de las anomalías, hasta tal punto que no sabía quién era Carlos Castaneda. Lo que, en esta ocasión, considero un elemento más que favorable. La objetividad, rigor y experiencia profesional de Gregorio Alonso Bosch está más allá de toda duda. Perito Calígrafo-Documentólogo-Criminólogo desde 1998, es Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y Especialista y Magister Universitario en Criminología. Además es Presidente de la Asociación de Peritos Judiciales en Ciencias Criminalísticas (APEJUCC) y Vicepresidente de la Asociación Galega de Peritos Xudiciais e Forenses y, resumiendo mucho su interminable curriculum, Profesor de Seguridad Privada acreditado por la División de Formación y Perfeccionamiento del Cuerpo Nacional de Policía y autor de diferentes publicaciones técnicas, alguna de las cuales he tenido el honor de firmar en coautoría con él. Por eso conocía su profesionalidad y rigor impecable.

Pero por encima de todo, Gregorio Alonso Bosch es un reputado experto en pericia caligráfica y documentoscopia, con más de 20 años de experiencia. Sus informes judiciales se han incluido en las sentencias de algunos casos muy mediáticos. Es un perito muy demandado, así que cuando aceptó realizar la siguiente evaluación me sentí muy afortunado. Le entregué las muestras dubitadas e indubitadas en noviembre de 2017, pero tuve que esperar tres interminables meses, hasta febrero de 2018, para recibir los resultados. No podían ser más concluyentes. En un extenso informe (más de 35 páginas) concluye:

"La carta manuscrita dubitada (D) objeto de estudio... se corresponde en cuanto a autoría con los manuscritos y firmas ubicados en formatos digitales y aportados para el cotejo, denominados a efectos del presente preinforme como indubitados de D. Carlos Castaneda".

No existió más que un Carlos Castaneda. El único hijo que parió Susana Novoa. El apuesto Negro hermano de Lucy. El fantasioso Fashturito que jugó al futbol con Juan Jave y el niño Vélez en Cajamarca, y que estudió bellas artes con Víctor Delfín en Lima. El que se embarcó en el SS Yavari en 1951 tras abandonar a su novia Gina embarazada de su hija Charito. El que compartió piso con Byron de Ford y Oscar Rubio en Los Ángeles. El que se casó con Margaret Runyan, estando ya casado (por poderes) con Gina Lu, y luego se casó también con Florinda Donner y Carol Tiggs. El que estudió escritura creativa y poesía en LACC y se doctoró en antropología en UCLA. El que escribió "Las enseñanzas de don Juan" y todos los demás. No existe otro. Ni gemelo. Ni doble. Y a sus seguidores enojados les diré, que el mismo lo reconoció en "El lado activo del Infinito", cuando, consciente de que su poder estaba por encima de cualquier razonamiento crítico, se permite el lujo de confirmar descaradamente lo que siempre había negado.

En la página 321, y relatando una de sus supuestas anécdotas de la niñez en casa de sus abuelos escribe: "Me llamo Carlos Aranha, señor —le dije-". Lo que nunca volvió a reconocer, y me he dejado este último cartucho para el final, es que todo había sido una invención. Y digo que no lo volvió a reconocer porque lo hizo en una única ocasión. En una de las últimas cartas que Carlos César Salvador Arana Castañeda escribió a su hermana Lucy, y que es una de las muestras incluidas en este estudio, Castaneda le dice literalmente:

"Tu ultima comunicación me agradó muchísimo. Me encanta saberte de buen humor. Te diré que lo he leído un montón de vezes, es una extraña sensación mescla de añoranza y perplejidad lo que me causa".

Bueno, por acá todo va muy bien, tocaremos mi (...) a para no "salarnos", eh? ¡Fígurate que he escrito una novela! Ya está terminada, pero me parece que está algo pesada, me da la impresión de que es como los dibujos de tu paisano Bagate..."

Esta novela se tituló lógicamente "Las enseñanzas de Don Juan". Pero todos preferimos creer que era real.


Fragmento del libro:

"La Vida Secreta de Carlos Castaneda"
Autor. Manuel Carballal.
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abril 23, 2020   Posted by Manuel Carballal in with No comments

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